Enfermedades de Transmisión Sexual

Enfermedades de Transmisión Sexual

Las enfermedades de transmisión sexual (ETS) están causadas por agentes infecciosos y parasitarios que suelen contagiarse por vía sexual, aunque en algunos casos existan otras formas de transmisión posibles.

Son, infecciones habituales entre la población adulta en cualquier época y lugar, aumentando su incidencia en las últimas décadas, por la mayor movilidad de la población y por los contactos sexuales más variados.

La fuente de infección es siempre una persona infectada y el contagio se produce por contacto sexual de piel y mucosas.

En la mayoría de estas enfermedades es poco probable el contagio indirecto a través de objetos de uso común (toallas, sábanas, ropa compartida,…) o por la utilización de piscinas públicas, aseos, etc.

El uso de los preservativos es uno de los métodos más eficaces para la prevención de las enfermedades de transmisión sexual.

Los microorganismos que las originan tienen una capacidad reducida de sobrevivir fuera de su hábitat natural.

En los hombres, las infecciones se localizan frecuentemente en la uretra donde provocan una inflamación, la uretritis, que puede propagarse hasta el glande y el prepucio.

El primer síntoma suele ser una sensación de escozor sobre todo al orinar, que más adelante se acompaña de secreción uretral de características variables según el agente infeccioso. Si se aplica de forma rápida el tratamiento adecuado los síntomas y la infección desaparecen.

En las mujeres, las infecciones de transmisión sexual pueden afectar a los distintos órganos genitales, originando vulvitis, vaginitis, vulvovaginitis (si afecta a ambos órganos simultáneamente), cervicitis si la alteración se localiza en el cuello uterino o cervicovaginitis cuando se extiende desde la vagina hasta el cérvix.

Las manifestaciones se presentan en forma de escozor y picor en los genitales, dolor durante el coito, molestias al orinar y presencia de un flujo vaginal abundante también de características particulares según el germen que causa la infección.

La mayoría de los casos curan completamente con el tratamiento adecuado, aunque sin embargo, son frecuentes las complicaciones causadas por infecciones que con el tiempo se hacen crónicas y afectan otros órganos pélvicos.

Entre las enfermedades de transmisión sexual, una de las más conocidas popularmente a lo largo de la historia es la sífilis, ya que llegó a causar auténticas epidemias, algo que modificó el descubrimiento de la penicilina, aunque hoy continúa siendo una de las enfermedades de transmisión sexual más frecuentes en todo el mundo, dado que el riesgo de contagio, a través de las lesiones en la piel y mucosas de las personas enfermas, es extremadamente alto.

La gonorrea es igualmente una de las  enfermedades de transmisión sexual más diagnosticada en  todos los países del mundo, siendo causada por una bacteria conocida como gonococo. Algunas personas son portadores asintomáticos durante semanas o meses.

En el varón las complicaciones son poco frecuentes pero en la mujer es posible la propagación hasta las trompas uterinas originando una inflamación, salpingitis, que puede llegar a dificultar la fecundación.

Una infección vaginal muy común es la tricomoniasis, un trastorno producido por un parásito del tracto genitourinario de ambos sexos, aunque más frecuentemente en mujeres. A menudo las personas infectadas son portadoras asintomáticas.

La candidiasis genital también es una infección que tiene una incidencia muy alta sobre todo en las mujeres. Es una micosis producida por un hongo, Candida albicans, que habita en condiciones normales en la piel y mucosas del organismo pero en determinadas circunstancias puede provocar infección.

En términos generales el diagnóstico de las enfermedades de transmisión sexual se realiza a partir de las manifestaciones que provoca la infección: los síntomas que percibe la persona afectada (picor, escozor, dolor,…) y las lesiones que puedan observarse (úlceras, verrugas, manchas,…)

Hay otras enfermedades de transmisión sexual que comparten otras vías de contagio, es decir que no sólo se transmiten mediante el contacto sexual, como el caso de las hepatitis B y C o el SIDA.

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