Superalimentos

Los Superalimentos

Los superalimentos son sustancias nutritivas que de forma regular se anuncian con múltiples virtudes no sólo dietéticas, sino también curativas. Así, de forma inmediata adquieren el estatus de superalimentos.

Pero tenemos tener siempre algo presente, y es que una buena suplementación no arregla una mala alimentación.

Ha sucedido con las bayas de Goji, el agua de coco, la quinoa, el té matcha y los que vendrán. El último en “apuntarse” a la moda de los superalimentos es la espirulina, por lo que la utilizaremos de ejemplo para que comprendáis cómo funciona éste negocio.

La espirulina es un alga microscópica de color verdeazulada (cianobacteria) que al igual que la quinoa o las bayas de Goji han sido catalogados como “superalimentos” en multitud de artículos, ya que es rica en proteínas, vitaminas y minerales.

La OMS le ha promovido a la espirulina una “buena reputación” con fines de luchar contra la desnutrición en países subdesarrollados, donde es complicado alimentarse con una dieta suficiente de proteínas, lo que se ha aprovechado para “venderla” con motivos muy diferentes, entre otros milagros para perder peso (fijaros que ésta propiedad es omnipresente “casualmente” en la mayoría de los superalimentos), luchar contra la diabetes, la anemia o remediar la fatiga entre otros beneficios, pero esto es puro márketing.

Muchos famosos (ya sea por ignorancia, por ser los primeros en apuntarse y lograr más relevancia y repercusión mediática o porque reciban “incentivos” de las grandes corporaciones) han puesto de moda estos superalimentos usándolos en sus dietas y batidos détox para mantener los kilos a raya, pero la realidad, siguiendo nuestro ejemplo con la espirulina, es que no existen a penas investigaciones científicas en su favor e incluso, la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos declaró la espirulina como ineficaz para bajar de peso.

Es más, alimentos, como las nueces, las legumbres o la carne, proporcionan más proteínas en porciones más pequeñas comparados con la espirulina, pues para poder aprovechar todas sus proteínas es necesario consumir mucha cantidad, lo que tendría además un coste desorbitado, ya que un kilo de proteína de espirulina puede costar unos 200 euros…todo un filón.

Para seguir desmontando estos mitos, indicaremos que en el caso de la espirulina, científicos como José Miguel Mulet, bioquímico de la Universidad Politécnica de Valencia, indica que: «La espirulina es el típico alimento de moda que se obtiene de una bacteria. Se le atribuyen muchísimas propiedades, pero no es mágico. Y todo lo que aporta se puede conseguir de otras formas. ¿Proteínas? Tiene más una pechuga de pollo. ¿Vitamina B12? Tiene, pero no asimilable. Los superalimentos no existen. Es puro marketing. Hay dietas mejores o peores, pero no basta con algo individual».

No es cuestión de borrar o maltratar los denominados superalimentos como la espirulina, las semillas de chía, las semillas de lino, el té matcha… simplemente debemos tener claro que una buena suplementación no arregla una mala alimentación, y que no existen alimentos milagros, es necesario llevar una alimentación correcta y un estilo de vida sano para disfrutar de una vida saludable.

¿Deben obviarse estos denominados superalimentos? Digamos que los superalimentos pueden ayudarnos a cubrir deficiencias en un momento dado o en dietas vegetarianas por déficit de proteínas o en casos de anemia por falta de hierro y algunas vitaminas, pero siempre bajo la tutela de un nutricionista o un médico naturista, no como un mal vendido “estilo de vida saludable”.

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